No sólo de muros, andenes y caminos incas vive el Santuario Nacional de Machu Picchu. Escondido entre sus bosques y quebradas se encuentra una impresionante variedad de flora y fauna, que justifican un buen circuito turístico; complementario al de la ciudad sagrada.
Los frecuentes incendios forestales, empero, han puesto en riesgo de extinción esta explosión de vida que se desarrolla en los alrededores de
Machu Picchu. Pero la naturaleza es sabia y poco a poco viene poblando de verdor las zonas afectadas por el siniestro. Un símbolo de esta recuperación fue la reciente visita de un Oso de Anteojos (Tremarctos ornatus) que se le ha visto merodeando por las alturas de
Huayna Picchu es busca de su bocado favorito: achupalla, una planta que abunda en la región.
El oso fue avistado por primera vez el pasado 9 de setiembre de 1998 por el biólogo estadounidense Bernard Peyton. Pero gracias al paciente esfuerzo de Julio Ochoa Estrada, biólogo cusqueño de las filas del INC, ahora podemos mostrar estas impresionantes fotografías realizadas el siete de octubre, luego de una intensa búsqueda por todo el santuario nacional.
Ahora se sabe que se trata de toda una familia integrada por dos jóvenes adultos (macho y hembra) y sus dos cachorros, que se encuentran en buen estado de salud ocupando unas cavernas cercanas al monumento histórico. Algunos afortunados turistas juran y rejuran haberlo visto ascendiendo por tos abismos del Huayna Picchu, convirtiéndose ahora en la pieza favorita de los fanáticos del safari fotográfico.
Pero Julio Ochoa prefiere mantener en secreto la zona que habita la familia de osos para no perturbar su frágil existencia. Se trata de un osó único en su especie, de costumbres vegetarianas pero que balancea su menú con algunas pequeñas especies de mamíferos locales. Se llama así por unas impresionantes manchas blancas que cubren sus ojos. Se sabe que de vez en cuando visita las plantaciones de maíz -otro de sus platos favoritos- y que no es molestado por los campesinos pues se trata de un animal que pese a su fama de carnívoro feroz, por lo común rehuye de la presencia humana.
Hace apenas 80 años, cuando la expedición de Hiram Bingham llegó a Machu Picchu el oso de anteojos abundaba en la región. Años después se convirtió en pieza de colección de cazadores furtivos quienes diezmaron la especie dejándola al borde de la extinción.
Julio Ochoa ahora no quiere moverse de las instalaciones del INC. Sus días de descanso lo encontramos en su casa del
Cusco revisando toda la información relacionada con el oso de anteojos. Al día siguiente parte hacia Machu Picchu y se interna en las selvas de la zona para continuar su labor de prevención y cuidado de la familia de osos.