El ingeniero de minas Kenneth C.Helad, compañero de aventuras de Hiram Bigham y uno de sus pioneros en la explotación del Cañón del Colorado, fue el primero en ascender a la cima del
Huayna Picchu luego de una accidentada travesía por sus selvas y abismos. Como él mismo lo cuenta, en ningún momento utilizó los caminos incas que ascienden serpenteando hasta la cumbre. Aquí su emocionante testimonio :
”Trepé por el cerro ladera arriba abriéndome camino con el machete o subiendo a gatas sobre el rastro de un oso (de los cuales hay muchos), y deteniéndome de cuando en cuando para abrir la camisa y refrescarme porque hacía un terrible calor.
El matorral por en medio del cual me abría camino era en gran parte de mezquite, arbusto terriblemente duro y con fuertes y agudas espinas. Si una rama no se corta de un solo golpe, es casi seguro que vuelve atrás azotando y entierre una media docena de púas en manos, brazos y cuerpo. Alrededor de las tres de la tarde ya casi tenía ganada la cima de la parte más baja de la cresta, que corre igual que las vértebras de un dinosaurio. Los árboles habían cedido paso a paso o a la desnuda roca, cuya cara era prácticamente vertical.
Se me cruzó en el camino un peñasco de unos doscientos pies de altura (N. de R.- aproximadamente 60 metros). Asomándome al borde de la cresta podía mirar casi rectamente hacia el río, que más parecía un arroyuelo de truchas a la distancia, aunque su rugido me llegaba con claridad. Estaba justamente trepando en lo más alto de la más pequeña de las "vértebras" cuando cedieron el pasto y el suelo bajo mis pies y caí. A lo largo de veinte pies había una pendiente de unos setenta grados y luego un salto de unos doscientos pies, después del cual existiría una saliente que se repetiría (dos mil pies) hacia abajo hasta el río.
Mientras caía por la superficie de la ladera agarré con la mano derecha un arbusto de mezquite que crecía en una hendidura a unos cinco pies sobre el salto. Iba tan ligero, que me tiró repentinamente el brazo hacia arriba y, mientras mi cuerpo giraba, sentí mi tronco y mi cabeza atraídos con brusquedad; el tirón había roto también los ligamentos que sujetan la clavícula con el omoplato, con lo cual perdí la fuerza del brazo, pero tuve dominio suficiente para alcanzar a cogerme de la rama con la mano izquierda.
Después de permanecer colgando por uno o dos segundos en forma de mirarlo todo y estar seguro de que no cometía un error, empecé a trabajar para recobrarme. La parte más dura fue conseguir poner el pie en el tronco del arbusto del cual estaba colgando. El hecho de usar mocasines en lugar de botas me ayudó mucho, ya que se sujetaban en las rocas. Fue una labor desesperadamente lenta, pero al cabo de media hora había conseguido alcanzar un sitio relativamente seguro. Como el brazo derecho estaba casi inútil, tuve que hacer de nuevo el camino, regresando al campamento como a las cinco y media. En este viaje no vi señales de trabajos de los incas, excepto una pequeña pared de ruinas...".
Cinco días más tarde, luego de recuperar la función de su brazo derecho, Heald insistió y logró vencer la cima del Huayna Picchu, comprobando la existencia de construcciones incaicas que semejan una atalaya y que ofrecen una hermosa vista de la ciudadela de
Machu Picchu.