Proyecto Waqanki
Luego de recorrer extasiados las alturas de
Machu Picchu los turistas que bajan hacia el poblado de Aguas Calientes se cruzan con un cartelito que indica la existencia de un Museo de Sitio, ubicado muy cerca del puente que cruza el río Urubamba en el
Cusco.
Pero son pocos los que se atreven a visitar el museo. El problema es que al trajín causado por la visita a la ciudadela incaica, habría que sumarle la caminata de ida y vuelta al local del museo, y de ahí marchar casi dos kilómetros más hasta Aguas Calientes.
Y la verdad es que no vale la pena. Luego de andar por una trocha carrozable paralela al curso del río nos topamos con un asentamiento humano de casuchas armadas con cartones, tablas y otros restos de las obras realizadas por el Instituto Nacional de Cultura en el santuario. Cinco minutos después llegamos al descuidado y despintado local del Museo de Sitio. El ingreso, empero, estaba interrumpido por un taller informal de "lavado y engrase" instalado por los microbuseros que brindan el servicio de transporte hacia la ciudadela incaica.
El museo cuenta con dos grandes salas de exhibición. El primer ambiente, sin embargo, sólo es ocupado por un viejo escritorio (que lo usan como mesa de dibujo), dos aribalos arrinconados y el enorme retrato de Hiram Birgham. El guardián nos acompañó al segundo salón luego de empujar un tablón colocado como puerta. En su interior sólo quedan algunas vitrinas con piezas cerámicas prehispánicas, la momia de una aclla que lleva en brazos a un bebé también momificado, cráneos hallados en la ciudadela y especímenes disecados de la flora y fauna del santuario de
Machu Picchu, entre los que resalta una nutria blanca con su cachorro.
Nuestra desilusión fue grande. Lo cierto es que el Museo de Sitio contrasta con los eficientes servicios a los turistas que brinda el INC a lo largo y ancho de los caminos incas y en la propia ciudadela de Machu Picchu.
La flor del santuario
De vuelta en Lima nos enteramos que el problema del abandono del Museo de Sitio no es una causa perdida, pues ha sido elegido sede para un ambicioso proyecto de recuperación, investigación y cuidado del santuario.
"La idea es constituir el jardín botánico Waqanki en el santuario histórico de Machu Picchu con la supervisión científica de la Universidad Nacional Agraria La Molina, del Instituto Nacional de Cultura y de la Universidad Nacional San Antonio Abad, del
Cusco" -nos explica Luis Poirier García Godos(*), presidente del proyecto Génesis.
Waqanki significa "Ilorarás" en runasimi y es el nombre dé la orquídea típica del santuario, considerada una de las flores más bellas del mundo. Su nombre científico es Masdevalia Ueitchiana y está en peligró de extinción por la masiva presencia humana en la zona y por los incendios forestales que periódicamente afectan al santuario histórico.
Y son precisamente estos problemas los que motivaron el Proyecto Génesis: proteger especies de la flora y fauna local en peligro de extinción, propagación in vitro para el repoblamiento del santuario, reproducción ,el especies en su hábitat natural y readaptación de las que fueron depredadas en los últimos cincuenta años. El jardín botánico WaqanKi también servirá para la investigación y utilización sostenible de los recursos naturales de la zona, para evaluaciones de impacto ambiental y el desarrollo de cursos de especialización ecológica y de plantas medicinales.