El día se inicia en
Machu Picchu
con el ritual de adoración al Inti (el Sol), la máxima deidad, creador
de todas las cosas y protector del linaje real. Las ceremonias se
suceden unas a otras en El Templo del Sol, una construcción semicircular
que, en sus portales, posee incrustaciones en piedras preciosas
y jade, y a la que sólo tienen acceso los dignatarios reales.

El
Templo de las
Tres Ventanas, la Plaza Sagrada,
la Roca Sagrada y el Intiwatana, conforman la zona urbana en la
parte media del cerro. Es la que usan los oficiantes para realizar
sacrificios y plegarias, además de instruir a las acllas, mujeres
seleccionadas desde pequeñas por su belleza física para ser desposadas
por los nobles de sangre, miembros directos de la familia del inca.
Un sacerdote camina los 78 peldaños que anteceden hasta el Intiwatana, la mole granítica que "amarra el sol" con sus vértices señalando los cuatro puntos cardinales. Gracias a las sombras proyectadas, el Huillacomo determina los equinoccios y solsticios del año, fechas claves en la cosmogonía indígena, que les permitía organizar siembra y cosecha.
Abajo, en las cercanías de los acantilados, junto a la zona fabril, viven y trabajan los artesanos y campesinos. Experimentados agrónomos siembran en anchas terrazas sostenidas por bloques de piedras. Su conocimiento preciso sobre el clima y la flora permiten varias cosechas al año, especialmente de maíz y coca.
En los talleres, los obreros, dotados de una capacidad técnica extraordinaria, trabajan la piedra, los metales preciosos, la arcilla y los exquisitos tejidos y ornamentos que lucirán luego los Hijos del Sol. Para los simples ciudadanos, un vestido sencillo y unas gruesas sandalias bastan.

Junto
a la Cima Vieja se ubica la Cima Nueva o
Huayna Picchu,
una piramidal montaña usada para ritos lunares o como puesto de
vigilancia y centro de comunicaciones. Una vertiginosa escalera
tallada en la piedra asciende hasta la cumbre. Allí un atento vigía
manda mensajes sonoros con una bocina de caracola, llamada pututu,
cada vez que alguien se aproxima a la fortaleza.
De vez en cuando, un muchacho ataviado de un pequeño bolso en bandolera
llega corriendo hasta la entrada de Machu Picchu.
El emisario conocido como chasqui, es funcionario del complejo sistema
de comunicaciones ideado por el Estado incaico, del que se decía
que era tan eficiente que podía llevar y traer noticias por todo
el territorio en muy pocos días, incluso subir con pescado fresco
desde el mar hasta las más lejanas serranías.