En enero de 1911, el Sr. Braulio Polo y la Borda, propietario de la hacienda Echarati, en la localidad de Mandor, provincia de la Convención, departamento del Cusco, invita al Rector de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, Dr. Alberto A. Giesecke, a su hacienda. En esta visita le refiere que toda la región estaba sembrada de zonas arqueológicas, es decir, ruinas incas, y que sus afirmaciones podían ser demostrada por los habitantes de Mandor o San Miguel.
Giesecke, quien durante sus catorce años de gobierno
universitario se destacó como promotor de toda iniciativa arqueológica,
conocedor del interés de Bingham, le escribió al respecto.
En el
Cusco, Giesecke lo puso en contacto con Braulio
Polo y Borda. Ya reunidos, le comenta a Bingham que en la colina
delante de su propiedad había unas construcciones antiguas cubiertas
por vegetación donde el ganado frecuentemente se perdía. Es más,
le presentó a Eduardo Lizárraga, un arrendatario de la tierras de
labrantío que vivía en el área desde los años setenta del siglo
XIX.
Con el conocimiento indudable de las referencias citadas, las confirmaciones
de Giesecke y Braulio Polo, y los relatos de Lizárraga,
que ya había dejado su nombre grabado en la piedra de Machu
Picchu, en los primeros días de julio de 1911, Bingham
llegó al valle de Vilcabamba, con una primera comisión científica
de la Universidades de Yale, con quienes descubrió la Ciudadela
Imperial de Machu Picchu.
El 23 de julio de 1911 Bingham se presenta en Mandor, junto con
el Sargento Carrasco que lo escoltó desde Cusco por orden del Prefecto
Juan José Nuñez. Ellos encontraron en su choza al campesino Melchor
Arteaga, quien le dice a Bingham sobre la existencia de dos sitios
de incas, llamados Machu Picchu y Wayna Picchu. De este modo, Bingham
consigue información cierta, contrata a Arteaga como guía local
y logra llegar, al día siguiente, a Machu Picchu,
la Ciudad Inca.
Ese día, el 24 de julio de 1911, después de examinar la pronunciada
pendiente de la montaña donde está Machu Picchu, decide subir por
donde todavía hoy es el camino de ascenso a la Ciudadela. Melchor
Arteaga lo condujo hasta Machu Picchu, tras penosa
ascensión por el flanco este de la montaña. Después del mediodía
llegaron a otra choza dónde encontraron a Anacleto Alvarez y Toribio
Recharte. Ellos eran dos campesinos humildes que, junto a sus familias,
vivieron en el área cultivando sus terrazas prehispánicas.
Ese mismo 24 de julio llegaron a la cima del cerro llamado Machu
Picchu, donde esta la fabulosa llacta inca de Picchu.
El espeso manto verde que cubría la Ciudadela no hizo posible una
primera apreciación objetiva des descubrimiento, sino que machete
en mano desbrozaron algunas secciones de los muros. Es fácil imaginar
la admiración de los exploradores cuando se les reveló, oculta por
la densa vegetación, la Ciudadela de Machu Picchu.
Esto hizo pensar a Bingham en la supuesta capital de Manco II, idea que sustentó algún tiempo en sus relatos, incluso hasta después que empezó a hablar de Pacareqtambo,"Posada del Amanecer", de donde los hermanos Ayar habrían emprendido su marcha al Cusco, idea errada para nuestros días.
Bingham la bautizó con el mismo nombre del cerro que la cobijaba y no tuvo dudas que ésta, sí, era la legendaria Vitcos.