Encontrado
Machu Picchu, la
Vitcos de sus sueños, Bingham busca apoyo económico en la Universidad
de Yale y la Sociedad Geográfica Nacional, apoyo que le fue concedido.
Contrata un grupo de arqueólogos y antropólogos (entre los q ue
destaca G. Eaton) para excavar el lugar, y regresa al Perú, a mediados
de 1912, para trabajar directamente en Machu Picchu al
frente de la misión.

Con los auspicios del Gobierno del Perú de esos años, y dando clara
muestra de su desinterés por el pasado incaico, el 31 de octubre
de 1912, Bingham obtiene la autorización para ejecutar los trabajos
en Machu Picchu. Lo grave es que recibe el permiso para llevar a
Estados Unidos los objetos encontrados durante sus trabajos arqueológicos,
ya que según el cuarto artículo de esa autorización Bingham podría
sacar libremente del país todas las piezas obtenidas durante sus
exploraciones, pero con el compromiso de devolverlos a la petición
simple de Perú. La autorización en nombre de la "etiqueta internacional"
infringió algunas normas legales y causó un daño irreparable a la
herencia cultural de Perú.
Las actividades de Bingham transcurrieron durante el primer gobierno
del presidente Leguía. Probablemente por la complejidad de los problemas
políticos, económicos y sociales que afrontaba, no le permitieron
vislumbrar la magnitud del
saqueo del que estaba
siendo objeto el Perú.
En aquellos días no había carretera, trasporte automotor o avión, y el viaje a Cusco duraba muchos días.
Hiram Bingham y su equipo trabajaron intensivamente en el parque
arqueológico de
Machu Picchu durante 5 años, excavando
prácticamente cada metro cuadrado. En sus ambientes encontraron
tumbas antiguas, momias y restos de 173 personas juntoa sus pertenencias,
incluyendo ropa, alimentos, alfarería y ornamentos.
Sin embargo, en el libro "The Lost City of the Incas", Bingham afirma
que no encontró nada en la Ciudadela, salvo unos cuantos cacharros,
objetos de espinas vegetales y uno que otro objeto de cobre. Después
de la minuciosa investigación y todos los trabajos realizados, informó
que no se encontró ningún objeto de metal precioso en Machu Picchu.
En todo caso, Bingham escribió que cada objeto que encontró en
Machu
Picchu fue depositado en la Universidad de Yale.
Hoy pueden encontrarse los objetos encontrados en Machu
Picchu en el Museo Peabody en Yale. La exhibición consiste
en 10 pedazos de alfarería Inca, 10 de metalurgia, 10 de construcciones
de piedra, 3 tazas de madera, muy pocos textiles y un qhipu Inca.
Bingham sólo comunicaba sus descubrimientos a través de su representación diplomática, ocultando medianamente la realidad de los sucesos. Realizó dos expediciones, pero como semejantes comitivas no podían pasar desapercibidas en el Perú una legión de ciudadanos extranjeros "asistentes" de la expedición Bingham, que iban y venían del Cusco. Las autoridades de Lima empezaron a tomar nota. Lamentablemente, la reacción del gobierno de turno ante semejantes hechos fue tan lenta que, cuando quisieron tomar cartas en el asunto, ya era demasiado tarde.
Enrique Portugal, periodista arequipeño que vivió en Argentina denunció,
en los diarios y revistas bonaerenses, el incalificable saqueo que
se perpetró en
Machu Picchu, en los repetidos viajes
de "exploración" que hizo Bingham al Perú. Según el periodista,
Bingham fue "el más peligroso y directo pirata que puso pie en
Machu
Picchu, con ayuda de unos y la ignorancia de otros, saqueando
la Ciudadela, llevándose riquísimos cargamentos de objetos de oro
y obras de arte que hoy se hallan en diversos museos de Estados
Unidos y en museos privados....." Es una denuncia no refutada hasta
la fecha.
Tan es así, que a fines de 1911 se produjo un levantamiento en el sureño puerto de Mollendo, protestando por la salida del país del material arqueológico, subrepticio envío de cajones rotulados como "sherds", que no eran sino momias completas, con todo su ajuar funerario y otros materiales. Era el quinto despacho de cajones bajo la fuerte custodia de ciudadanos norteamericanos expresamente comisionados por Bigham para la custodia de su envío al exterior.
En 1912 se repite este levantamiento, pero ahora extendido a las ciudades de Puno y Arequipa. El explorador debe cesar sus actividades y, como consecuencia, el gobierno peruano enfrenta la demanda de Bingham para continuar con su proyecto.
Paradójicamente, el Museo de Sitio actual, construido en la margen
izquierda del río Urubamba, carece de material arqueológico perteneciente
a la zona, sólo fotografías, calcos, uno que otro objeto y cuadros
de flora y fauna, componen su patrimonio cultural. Igual pobreza
sufre el Museo Arqueológico del Cusco. En oposición, Bigham, de
explorador desconocido, después del saqueo de
Machu Picchu,
elevó su satus socio-económico, recibió doctorados en historia,
cátedra en Yale y participó en la gobernación estatal.
En la actualidad, es creciente la opinión de tener a Bingham y sus
actividades como uno de los mayores ejemplos de piratería del patrimonio
cultural que ha sufrido el país. Cuestionable, por tanto, presentarlo
en los textos nacionales como descubridor de
Machu Picchu