Fue el más grande y antiguo imperio
desarrollado en el continente americano. Tuvo como sede imperial
la ciudad del Cusco. Data del año 1.200 dc. La palabra Tahuantinsuyo
proviene de un nombre compuesto por dos vocablos quechuas: Tawa,
que significa cuatro, y Suyo, que quiere decir Estado.
El área territorial del imperio fue vastísima. Ocupó más de 3.000.000 de km, teniendo más de 5.000 km (3.107 millas) de costa sobre el océano Pacífico, lo que representa, hoy, el doble del territorio peruano.
Los cuatro suyos o naciones tenían como centro geográfico y político al Cusco, y estaban repartidos al noroeste por el Chinchaysuyo, que va hasta el río Ancashmayo en Pasto (Colombia); al noreste se ubicaba el Antisuyo, en los valles subtropicales, ocupando parte de la selva baja amazónica; al sudoeste el Contisuyo ocupaba parte de la costa peruana hasta el río Maule (Chile); y al sudeste el Collasuyo, que hoy ocupa gran parte de territorio boliviano hasta Tucumán (Argentina).
Todas las tierras pertenecían al Sol, al Inca y al Estado. Estas eran distribuidas de tal forma que cada habitante tenía una parcela de tierra fecunda que trabajar. Los varones recibían al nacer un topo o tupu (2.700 m; 0,27 Ha, 0,67 acres), mientras que las mujeres medio topo. No podían venderlas ni heredarlas, ya que no eran otorgadas en propiedad, sino que pertenecían al Estado; por ello, cuando una persona moría sus tierras eran destinadas a un nuevo habitante.
ORIGENES
Una sensación sobrecogedora invade siempre al visitante cuando llega al Cusco. Ello se debe no solo a su paisaje maravilloso, que conjuga un cielo increíblemente azul con nubes blanquísimas y cerros imponentes, sino sobre todo a su historia. A través de sus intrincadas callejuelas o en su imponente plaza de armas es imposible no escuchar todo lo que esta ciudad nos quiere decir. Pocos lugares en el Perú han tenido una vida más intensa. Esta fue la capital sagrada de los Incas y El Dorado de los conquistadores, centro del barroco sudamericano y escenario de la Gran Rebelión en contra del conquistador. No en vano es el tesoro más preciado del Perú.
El periodo preincaico
Prácticamente todos los asentamientos incas y preíncas del Cusco
están situados entre los 3.000 y 3.200 msnm. A diferencia de la
mayoría de los sitios arqueológicos que pertenecieron al Formativo
(1500 ac-0), el valle del Cusco no registra influencias
de la cultura norteña Chavín. Entre los sitios más antiguos del
Cusco se encuentra Marcavalle (1000 ac a 700 ac). A esta
le sucedió Chanapata, cultura que se remonta al 700 ac.
La cultura Chanapata se extendió por todo el valle del
Cusco y sus pobladores alcanzaron un mayor grado de civilización,
pues desarrollaron la agricultura y crianza de animales domésticos.
Los Huari
Hacia el año 750 dc aparecieron en el valle los huari,
y con ellos llegó una cultura más desarrollada. En el complejo diseño
de sus centros urbanos se advierte la existencia de una sociedad
con jerarquías, una religión establecida, planificación, redes de
intercambio y el control de una gran población que puede ser movilizada
para ejecutar obras de envergadura. Los huari poseen
la fama de ser los grandes urbanistas del antiguo Perú. Uno de los
mejores ejemplos de la influencia huari en el valle del
Cusco es Piquillacta, que en quechua significa "ciudad pulguienta".
Como sostienen muchos arqueólogos, la importancia de Piquillacta,
además de la perfección del trazo y del sistema de organización
que presupone, radica sobre todo en que fue tomada como patrón urbano
por los incas.
La creación del Imperio Inca o Tahuantinsuyo
Pocos lugares en el Perú tienen un aura mágica semejante a la del Cusco incaico. Aun hoy, al recorrer sus calles y divisar esas piedras misteriosamente unidas, sentimos la necesidad de guardar una actitud reverente. Es imposible no percibir el carácter sagrado que tuvo esta ciudad en tiempos de los incas.
Según las leyendas y las crónicas, los incas fueron trece: Manco
Cápac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui, Mayta Cápac, Cápac Yupanqui,
Inca Roca, Yáhuar Huaca, Huiracocha, Pachacútec, Túpac Yupanqui,
Huayna Cápac, Huáscar y Atahualpa. Aparecieron dominando el valle
hacia el año 1200 dc y constituyeron el Imperio Inca o Tahuantinsuyo
en menos de un siglo. Los españoles describieron a los incas como
"Hijos del Sol". Para los habitantes del Imperio Inca o Tahuantinsuyo se trataba
de seres divinos que tenían la capacidad de sacralizar todo aquello
que los rodeaba.
Cuesta imaginar que los incas hayan logrado organizar el Imperio Inca o Tahuantinsuyo
en menos de un siglo. Según cuentan las crónicas, el gran
organizador del estado imperial incaico fue el inca Pachacútec,
quien decidió expandir sus territorios venciendo a los Chancas.
Algunos dudan de que aquel pueblo haya existido y sostienen que
el nombre Chanca podría simbolizar más bien a grupos étnicos
fronterizos. Lo cierto es que las conquistas comenzaron a partir
del año 1430 dc y el Imperio Inca o Tahuantinsuyo se extendió
hasta los límites más arriba mencionados.
LA SOCIEDAD INCA
La sociedad Inca se caracterizaba
por marcadas jerarquías, que colocaban en la cabeza el poder absoluto
del Inca; seguido por la nobleza, también llamada orejones,
título que les fue adjudicado por los españoles, dada la deformación
de sus lóbulos, originada por llevar pesados ornamentos que los
diferenciaban de los demás.
Siguiendo la escala social del imperio, estaban los runas
o mitimaes, considerados como gente vulgar, es
decir, eran el común de los habitantes del imperio, quienes también
tenían tareas obligatorias en las mitas. Finalmente, estaban
los yanaconas o yanakunas, que eran los sirvientes de la
casa.
Sabemos que el pueblo inca fue estrictamente conquistador. Sus conquistados
resultaron unificados no solo bajo una autoridad, sino en una cultura,
que dio un cuerpo religioso y conceptual cuya expresión fue la introducción
de ritos y costumbres propias del imperio Inca. Para ello, utilizaron
diversos mecanismos para conciliar la disparidad cultural. El primero
fue la implantación del Runa Simi o Quechua como el idioma
oficial a lo largo del territorio.
Como segundo paso, establecieron una organización social basada
en principios morales de obediencia y modelación de la convivencia.
Estos tres principios, que resumían cómo debía vivir un habitante
del imperio, fueron las leyes básicas del Imperio Inca o Tahuantinsuyo
Ama Súa (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas
mentiroso) y Ama Kella (no seas perezoso).
Nadie puede discutir la espectacular organización inca, no solo por el manejo del inmenso territorio, sino además por el éxito de la conducta paternalista de la nobleza inca. Pese a que la autoridad en el imperio era unipersonal, es decir, comparable a una monarquía europea de aquellas épocas, la población del imperio nunca pasó hambrunas ni privaciones.
Este equilibrio social actualmente es conceptuado
por los estudiosos extranjeros básicamente desde dos enfoques: a
partir de un entendimiento de clases o castas sociales a la usanza
del medioevo europeo, se lo entiende como un sistema esclavizador
o como social-imperialista estudiado a partir de los runas,
es decir, desde el entendimiento de las estructuras sociales que
impusieron.
Por lo mencionado, el Imperio Inca o Tahuantinsuyo merece un título
especial entre las sociedades de mayor desarrollo, considerando
tanto sus actividades productivas y artísticas, como su planificación
social y política, además de su concepción religiosa que propugnaba
un equilibrio pleno entre las actividades del ser humano y la naturaleza
o el medio ambiente. Y, finalmente, por su sapiencia en incorporar
a su cultura y conocimientos todo aquello que era sobresaliente
en sus conquistados.